
La foto: Dennis Stock. USA. California. 1968. Venice Beach Rock Festival.
Llega el verano, y con él los festivales de música. No puedo evitarlo: me encantan. Es como un paraíso, con todas las incomodidades que tendría un paraíso en caso de existir, si fuera creado por el mismo que creó este mundo, claro. Lo malo es que siempre se amontonan. No sé quien hace la previsión genérica de este tipo de eventos, ni porque siempre se superponen, e incluso se pisan grupos, pero bueno, ese sería otro post. Me gustan los festivales de música porque me siento libre. Hago lo que más me gusta: escucho música, y además puedo hacerlo entre miles de personas que vienen por la misma razón que yo. A veces, casi sin quererlo, en los festivales se producen chispas de magia. Es energía compartida, pasión compartida, ilusión compartida, evasión compartida... ¿Qué más se puede pedir?
Evidentemente, como casi todo, tienen sus inconvenientes y molestias, pero hoy estoy optimista, así que lo voy a dejar aquí.
Y nos leemos. O nos vemos. En el Summercase. En el FIB. Y quizá en el Sonorama...
:)

